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| POR LOS MITICOS CAMINOS DEL AYER |
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| Historias |
| Viernes 26 de Diciembre de 2008 17:59 |
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En números anteriores, buscamos los orígenes de algunos personajes que se pasean por las letras y nombres de nuestros conjuntos de carnaval. Así mismo, hemos escuchado también que está muy presente la palabra “bacanal” ó “bacanales”. Y la respuesta a nuestro título es lo que trataremos de encontrar en este breve artículo que resume nuestra búsqueda... La historia de los hombres, es la historia de sus enfrentamientos, políticos, sociales, religiosos... y siempre ha surgido un sincretismo entre un pensamiento y otro... siempre se han tomado elementos de unos y otros, para conformar el calidoscopio de la historia humana...
El Edicto sobre las bacanales del año 186 a.C1. En el año 186 a. de J.C. tuvo lugar la primera gran persecución religiosa del Imperio romano, bien conocida por la narración del historiador Livio y por el propio edicto sobre las Bacanales, conservado en el Museo de Viena en unas planchas de bronce. La descripción de la persecución ha sido bien estudiada en su trasfondo económico y social recientemente por Gallini. Después de la terminación de la Segunda Guerra Púnica con la batalla de Zama (año 202 antes de J.C.), las asociaciones báquicas, que veneraban al dios tracio Dyonisos, el Baco de los romanos, cuyo culto principalmente entre los estratos más bajos de la sociedad ateniense del siglo VI antes de J.C. había gozado de una gran aceptación, se propagaron por Roma y por toda Italia desde Etruria, a donde habían llegado desde Grecia. Los devotos del dios en Roma, al decir de Tito Livio, eran fundamentalmente mujeres; había también entre ellos libres y algunos nobles. La persecución alcanzó a unas siete mil personas, entre hombres y mujeres, lo que prueba la extensión que el culto alcanzó en Roma. El comediógrafo Plauto lo valora negativamente; los rituales báquicos eran siempre, para este autor, un ejemplo de desorden y de juerga. Los cultos dionisíacos, si creemos a Tito Livio, tuvieron al principio poca aceptación en Roma, sólo entre las mujeres, hasta que se pusieron de moda entre los hombres, principalmente entre los menores de 20 años, gracias a las “innovaciones peligrosísimas” introducidas por la sacerdotisa de Campania, Paculla Annia, y que consistían en celebrar el ritual del culto por la noche, y en que se convirtieron de cultos públicos en un culto secreto y de masa. Antes los rituales se celebraban tres veces al año; ahora, cinco al mes. La gran innovación introducida por Paculla consistía, pues, en que, de ser los rituales dionisíacos un culto exclusivo de mujeres, fueran en adelante un culto de muchedumbre, principalmente de gente joven. El ritual báquico consistió fundamentalmente en la iniciación, por la que el individuo entraba a formar parte de la asociación báquica, y en una experiencia orgiástica, según la cual, mediante la borrachera, el baile y las manifestaciones de erotismo, creía el iniciado que entraba en posesión del dios. Estos rituales se celebraban en casas privadas y en un bosque consagrado a la diosa Estimula, al pie del monte Aventino, una de las colinas de Roma, mediante danzas orgiásticas, con la sola participación de mujeres casadas, disfrazadas de Ménades, las mujeres que acompañaban a Dyonisos en la leyenda. Ya en el año 213 a. de J.C., en plena guerra anibálica, el senado romano, por razones políticas, no religiosas, había intentado eliminar los nuevos cultos extranjeros propagados por Roma, principalmente entre gentes procedentes del campo. El senado, en el año 186 antes de J.C., buscó, tanto en Roma como en el campo, o en las restantes ciudades, a los sacerdotes de Baco e hizo pública, mediante edictos, la prohibición de reunirse para el culto los iniciados a los cultos dionisiacos, dando a los dos cónsules poderes extraordinarios para reprimir la “conjuración”; principalmente se pretendió conocer el número exacto de iniciados. Los cónsules encargaron a los ediles curules el descubrir a los sacerdotes y detenerlos en sus domicilios, hasta el día del juicio, y a los ediles de la plebe encomendaron la vigilancia para que no se celebraran ritos secretos; los triunviros capitales fueron encargados de descubrir las reuniones nocturnas y de prevenir toda forma de protesta, como incendios, etc. El cónsul Postumio informó al pueblo de las medidas tomadas para reprimir estos cultos dionisiacos. Se premió a los delatores y se señaló un tiempo para que los contumaces pudieran presentarse voluntariamente a los tribunales. Se prohibió terminantemente ocultar o ayudar a los acusados que huyesen. Los lugares de culto dionisiaco fueron destruidos, quizá con la ayuda del ejército. El terror se extendió rápidamente por Italia con esta persecución. Se decretó castigar con la pena de muerte o cárcel, según si se tratara de sola “conjuración” o se añadieran los agravantes de falsedad, asesinato u obscenidad. Según Livio, fue mayor el número de los ajusticiados que el de los encarcelados. El castigo de las mujeres, según el derecho romano, se encomendó a los padres o tutores. En una segunda reunión senatorial se tomaron las medidas oportunas para reprimir el culto dionisiaco y se decretó la pena de muerte para los desobedientes. Por el resumen de Livio se conoce la organización y la jerarquía de los cultos dionisíacos, dividida en bacantes, sacerdotes, maestros, ministros, magistrados y pro magistrados. Se prohibió terminantemente en toda Italia toda clase de culto dionisíaco, el tener casa en común, el juramento de iniciación a los cultos y su celebración. Sólo se permitió el culto de Baco bajo determinadas condiciones, como en el caso que el culto fuese declarado necesario para la prosperidad de Roma, y entonces había que demostrar esta necesidad ante el pretor urbano. Luego este magistrado reunía al menos cien senadores, que debían dar su consentimiento para la celebración. Gallini piensa que a comienzos del siglo II antes de J.C. se dio una explosión de orgiasmo colectivo, manifestada en la posesión, el profetismo y la danza. Los cultos dionisíacos itálicos revivían viejas formas del culto a Baco, pero dentro de un nuevo contexto social y cultural, pues después de la Segunda Guerra Púnica se dio en Italia un proceso de concentración capitalista que tuvo resultados imprevistos en el orden político, social, económico y religioso. Roma estaba ahora gobernada por una nobleza senatorial, que detentaba el poder político, con una fuerte tendencia imperialista, apoyada en las grandes clientelas mercantiles, que llevaron a Roma a la conquista del Mediterráneo. Esta tendencia imperialista y de conquista trajo consigo el enfrentamiento con la gente que tenía intereses en la agricultura. Los campesinos se vieron obligados durante muchos años a servir en el ejército, fuera de sus tierras, y se habían convertido en terreno público, administrado por absentistas residentes en Roma, los campos de los itálicos que habían favorecido la causa de Aníbal. Ello ocasionó una gran crisis de la pequeña propiedad agraria en toda Italia. Roma se convirtió en un polo de atracción para la plebe rural, mientras que la plebe de la capital pasaba también una profunda crisis motivada por la presencia de un número elevado de esclavos, que las guerras de conquista arrojaban sobre Italia, y por la concurrencia de los campesinos que abandonaban sus campos y se concentraban en Roma. Esta crisis económica y social coincide con un proceso de concentración de poder político en manos de una oligarquía senatorial, dividida en intereses de grupo de orden político y cultural, es decir, entre tradicionalistas y filo-griegos. Como muy bien ha visto Gallini, en la represión de los cultos dionisíacos se descubre la represión de una sociedad en la que unos pocos pretenden gobernar a la mayoría. La crisis social se metamorfoseó en protesta religiosa. La represión dionisíaca coincide también con la explosión del fenómeno urbano en Roma, que ocasionó el colapso de su vieja estructura social, inservible ya para la capital del Imperio, después de las conquistas. En el asunto de las Bacanales queda magníficamente reflejada mucha de la problemática que azotaba a Roma en aquel momento, como la emigración a la ciudad; precisamente con esta ocasión Livio pone de relieve las creencias de la masa de emigrados rurales y su relativa marginación social. Estos cultos tenían un marcado carácter de culto extraño al patrimonio cultural romano. (Continúa en la próxima edición) (Notas) 1 Blázquez Martínez, José María. El Edicto sobre las bacanales del año 186 antes de Jesucristo. Jano 63, pp 105-108 Año 1973. El autor es catedrático Emérito de Historia Antigua en la Universidad Complutense de Madrid. |
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